Desentrañando Colombia: especial de Periodismo Humano

Patricia Simón y Javier Bauluz – Periodismo Humano

Colombia vive una guerra desde hace décadas, aunque la haga silenciosamente, aunque lo llamen conflicto y la «seguridad democrática» del presidente Álvaro Uribe haya podido encubrirla para que se libre durante la noche, cuando los helicópteros del ejército alzan el vuelo y sobrevuelan las montañas y las carreteras, alumbrando a ratos con sus potentes focos. Aunque sea también durante la noche cuando caravanas militares recorran su geografía para adentrarse a las primeras horas en la selva. Aunque los muertos sean desaparecidos, arrojados a los ríos, descuartizados, o quemados en hornos crematorios.

Colombia libra una guerra en la que participan las guerrillas de las FARC y del ELN, los paramilitares y el Estado y que se lleva por delante la vida de miles de personas, ya sea arrebatándoles sus tierras y obligándoles a convertirse en mendigos en las urbes, o directamente asesinándolos. Matan a los campesinos, a los indígenas, a los maestros, a los sindicalistas, a los políticos, a los periodistas que se empeñan en seguir siendo ciudadanos, y acallan a base de amenazas a aquellos que, acaso hay algo más humano, quieren tan sólo seguir viviendo.

Colombia, socia preferente de Estados Unidos frente a la amenaza de las nuevas izquierdas latinoamericanas, y de Europa, protectora de sus multinacionales y de sus grupos editoriales.Desentrañar Colombia es un recorrido por este país a través de sus víctimas, que son también quienes demuestran la grandeza de una parte del país que lucha contra la locura a base de cordura y de compromiso con los derechos humanos.

Los familiares de desaparecidos de todos los bandos que señalan públicamente a los responsables, denuncian, se organizan e incluso se ponen frente a una cámara buscando ayuda en el extranjero, sabiendo que, a cambio, les puede esperar una fosa pero que están tan preñados de dolor que sólo les queda luchar por su dignidad y la de sus muertos.

Los periodistas, que tienen que vivir con la pérdida de tantos colegas, con el miedo metido en el cuerpo, con unos medios voceros del poder, teniendo que comprar ellos mismos los espacios para poder informar, los periodistas que siguen siendo un ejemplo internacional del buen reporterismo. Los defensores de derechos humanos que por hablar de justicia social son señalados por el propio gobierno de Uribe como terroristas, ayudando así a que los paramilitares sepan a quiénes deben encañonar. Los indígenas, que ven como las multinacionales les arrebatan sus tierras, su cultura y el futuro de sus hijos amparados por el Estado. Y la coca, fuente de ingreso de todos los bandos armados, para seguir bañando de sangre este país para divertimento de europeos y norteamericanos.

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