Especial Revolución Brasileña

Indignados brasileños prenden fuego Asamblea Legislativa de Río de Janeiro #changeBrasil

Evan medianoche

Publicado el 18/06/2013

Un grupo de manifestantes ha intentado llegar a la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. Los uniformados han lanzado gases lacrimógenos para contenerlos, pero éstos han respondido con cócteles molotov y han alcanzado la escalinata del congreso regional, donde han prendido fuego a un coche. Al menos cinco policías han resultado heridos

Reporter tells how the Police brutality marked the latest protest.

Folha

Publicado el 16/06/2013

Leia mais: http://folha.com/no1296077
(((English and Spanish subtitles))))

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Brasil cocina su revolución en red

La violencia policial expande las protestas contra la subida de las tarifas del transporte público a la mayoría de ciudades de Brasil, así como las manifestaciones contra la Copa de las Confederaciones.

El Movimiento Passe Livre y el Comité Popular de la Copa ya no son los únicos protagonistas

Colectivos no partidistas preparan en red una movilización donde se funden causas urbanas, ecológicas, económicas, culturales y políticas

Bernardo Gutiérrez
Fuente: http://www.eldiario.es/internacional/Brasil-cocina-revolucion-red_0_144185664.html

Las movilizaciones en Brasil han superado los confines de las primeras reivindicaciones. Foto: Mídia Ninja CC

Las movilizaciones en Brasil han superado los confines de las primeras reivindicaciones. Foto: Mídia Ninja CC

«No están preparados para una democracia participativa». «Todo esto es sobre el derecho que tenemos a ser consultados». «Como dicen los indignados de España, vamos despacio porque vamos lejos». Las frases surgen a borbotones, espontáneamente. El escenario: praça Roosevelt, centro de São Paulo, sábado pasado, 20.00 horas. Resuenan skates, risas juveniles. Cae una lluvia fina. Contexto: la asamblea del colectivo #ExisteAmoremSP discute sobre la gran manifestación de este lunes. En apenas un día, más de 150.000 personas confirmaron la asistencia al Quinto grande ato contra o aumento das passagens!, contra el aumento de precio del transporte público.

Tras la durísima represión policial las manifestaciones de la semana pasada, ignorada inicialmente por los grandes medios, las redes sociales brasileñas hierven. Y las protestas se multiplican y exceden las peticiones iniciales. Unas horas antes de la asamblea, bajo la etiqueta #OGiganteAcordou (el gigante despertó), un grupo de manifestantes mostraba en Brasilia su oposición a la Copa de Confederaciones de la FIFA, justo antes del partido inaugural entre Brasil y Japón. Un encuentro en el que Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, fue silbada.

¿Qué está pasando en Brasil? ¿Qué relación tienen las diferentes protestas? ¿Por qué ahora? Alex Antunes, un músico de São Paulo, pide el turno en la asamblea: «De aquí en adelante, tenemos que ir más allá de las manifestaciones de la izquierda militante. Algo está pasando. En elsite de O Globo, la encuesta sobre quién ganará la Copa de Confederaciones, el 87% apostó por Tahití. Algo inédito en el país del fútbol».

Claudio Prado, uno de los nombres más conocidos en la cultura digital de Brasil, toma la palabra: «Sí, es increíble. Parece que las hinchadas de todos los equipos de São Paulo se van a unir el lunes, por primera vez». Alguien habla de Turquía, donde hinchadas se unieron en Taksim Gezi Park. Alguien cita al movimiento 15M de España. Caio Tendolini, que participa en la plataforma decrowdfunding Catarse, insiste en el carácter no violento del movimiento: «Tenemos que romper la imagen de violencia que imponen los medios. Apostemos por lo lúdico».

La asamblea continúa en el centro cultural Matilha Cultural, muy próximo.¿Cómo se está fraguando una revuelta que los grandes medios parecen no estar entendiendo? Escuchando a los activistas, creadores, estudiantes y ciudadanos que participan en la asamblea, no surgen respuestas categóricas. Aparecen, eso sí, más preguntas. Deseos. Malestares. Antonio Martins, el periodista que dirige el medio independiente Outras Palavras, habla del derecho a la ciudad: «Queremos ciudades para todos, aceso a internet y los conocimientos compartidos en red. Queremos convertir las ciudades en espacios libres para la cultura, el saber y el amor, sí, el amor».

Pablo Capilé, del colectivo Fora do Eixo, intenta poner orden. Busca la luz, algo que agregue a más movimientos. Un punto de unión que una todas las revueltas que han estallado en Brasil con «los movimientos de las redes globales». Una joven llamada Leitica lleva el diálogo a lo local. Afirma que en Curitiba, en el sur del país, supuestamente la ciudad con mejor transporte público de Brasil, ha habido varias manifestaciones. «No somos la ciudad idílica que nos dicen. Es marketing», sentencia.

André Takahashi, activista de Brasil pelas Florestas, da una noticia: «Algunos indígenas van a unirse. Los terenas, por ejemplo, van solidarizarse con lo que está pasando». La lucha ya no será por el aumento de 0,20 reales (0,08 euros) del billete del transporte urbano. La lucha puede incluso desbordar los límites urbanos. ¿Qué está pasando en Brasil, el supuesto país del futuro en el que la economía crece y el desempleo es bajo? Captura de pantalla 2013-06-16 a la(s) 18.34.06

En la última semana, las redes sociales de Brasil se han inundado de frases de las revueltas globales remezcladas con dichos brasileños. Humor ácido. Y muchas y variopintas quejas. Idalina Silva, una artista de Río de Janeiro, publica en su muro de Facebook: «Los medios se preguntan quiénes somos. Somos la población que se cansó de los abusos del poder autoritario, corrupto y contrario a los principios básicos de los direchos humanos. ¡Abajo la neodictadura!».

La gestora cultural Tatiana Martinelli suelta la ira en su perfil de Facebook contra la baja calidad de los servicios públicos: «La indignación actual brasileña no reside apenas en el aumento del transporte. Va un poco más allá… ¡Educación de calidad para todos! ¡Salud de calidad para todos! No podemos aceptar pagar unos impuestos tan altos y encima tener que pagar por servicios sociales privados».

Pero si hay un asunto común, al margen de mobilidad urbana, ese es el Mundial de Fútbol. La FIFA y sus imposiciones económicas y legales están enfureciendo sobremanera a los brasileños. «La Copa es el acelerador de diversas violaciones: soberanía de la FIFA sobre el Estado brasileño con la Ley General de la Copa, la posible aprobación de la ley del terrorismo, que convertirá en crimen las manifestaciones populares y criminalizará a los activistas y los movimientos sociales», asegura Cláudia Favaro, de la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa, en declaraciones a eldiario.es. La situación ha estado en los últimos meses especialmente tensa en Río de Janeiro, donde el Gobierno del Estado está intentando tumbar el antiguo Museu del Indio para construir un parking para el estadio Maracanã.

No es de extrañar que la FIFA se haya convertido en una diana común. El profesor de historia Francisco Foureaux, desde Belo Horizonte, critica en un texto intenso la «democracia fatalista que produce parlamentos serviciales al gran capital, los medios arrodillados al poder financiero y el absurdo gasto para esa agencia terrorista llamada FIFA». La investigadora en cibercultura Maisa Martorano, desde la ciudad nordestina de Natal, apunta a los grandes eventos que marcan la agenda de Brasil: «¿El país de la Copa y de las Olimpiadas… ¿Copa para quién? A la población nos han dejado el privilegio de la deuda y el consumo. El precio que pagamos son las ciudades sitiadas y vigiladas, rehenes de la violencia».

«La bestialidad de la Policía Militar y la ceguera de los gobernantes han conseguido lo imposible: unir a São Paulo». La frase es el periodista Bruno Torturra. Y esconde un secreto a voces: sin la brutal represión policial de las primeras manifestaciones en São Paulo tal vez no habría explotado la revuelta brasileña. Las manifestaciones del miércoles y el jueves pasado en São Paulo acabaron con cientos de detenidos. Y con escenas terroríficas: policías militares usando gas lacrimógeno a discreción y pelotas de goma, rostros ensangrentados, cristales rotos, barricadas.

Los grandes medios de comunicación también encendieron la ira de los brasileños. La mayoría uso la palabra ‘vándalos’ en sus titulares para describir a los manifestantes. E ignoraron las duras imágenes que circulaban en las redes sociales gracias a colectivos como Mídia Ninja, medios independientes como Outras Palavras o blogs satíricos como V de Vinagre (que hacía alusión a la prohibición de llevar vinagre a las manifestaciones, usado para protegerse del gas lacrimógeno).

Mientras la todopoderosa Rede Globo inundaba las pantallas de los preámbulos de la Copa de la Confederaciones, un medio independiente como la Agência Pública elaboraba un mapa abierto con los casos de violencia policial y revelaba que el gas usado por la policía turca en las calles de Estambul era exportado por una empresa brasileña.

Además, la violencia policial, uno de las lacras históricas de Brasil, también tuvo lugar al final de la manifestación contra la Copa de Confederaciones el domingo durante el partido entre México e Italia en el estadio de Maracanã. Violencia que llegó de un apagón informativo casi generalizado de los grandes medios. El activista Lucas Pedretti denuncia que «la FIFA ordenó el corte de la señal de transmisión de las rádios que cubrían las protestas y las cámaras de vigilancia de la ciudad». El cóctel de manipulación mediática y violencia policial es para muchos una de las principales causas de la revuelta. ¿Pero hay algo más? ¿Algo no visible a primera vista?

La respuesta podría esconderse en la carta que el colectivo de #ExisteAmorenSp envió al alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT, el partido de Dilma Rousseff, y Lula). Haddad acusó al movimiento de inmaduro porque «no muestra quiénes son sus líderes». La respuesta de #ExisteAmoremSP –uno de los colectivos más implicados en la revuelta– no tiene desperdicio: “Quien es un inmaduro eres tú. Porque no entiendes la nueva lógica del activismo, la autoorganización, la inteligencia y la indignación colectiva». Redes, lógicas transversales al margen de viejas instituciones, empoderamiento.

Muy pocos políticos han reconocido la importancia de las redes en la incipiente y confusa Primavera Brasileña. Vinicius Wu, secretario del Gabinete Digital del Gobierno de Rio Grande do Sul, es una de las excepciones: «El papel de internet y de las redes sociales es central y, en general, los políticos y formadores de opinión no han lo han entendido mínimamente».

El filólogo Otavio Brum afirma en Facebook que en el movimiento «no hay jerarquías, no hay un centralismo ni hay una reivindicación única». Caio Martins, uno de los miembros del movimiento Passe Livre, en declaraciones a eldiario.es, reconoce la importancia de la red: «Las redes sociales no sólo han ayudado mucho, sino que han conectado nuestra lucha de forma transversal». Un detalle: en el evento de Facebook de la manifestación que hay convocada para hoy alguien colocó una pregunta y una votación. «¿Amigos, estáis de acuerdo en usar banderas de partidos políticos?». El resultado: rechazo masivo.

#ExisteAmoremSP nació como un grito coral, apartidista, cocinado en redes, en los preliminares de las elecciones municipales del pasado octubre. Ignorado por medios y por la vieja política, se constituyó en un movimiento abierto, transversal, fresco. Después de unir a 20.000 personas en la plaza, acabó influyendo en las elecciones. La derecha, favorita en las encuestas, salió del Ayuntamiento.

Pero hay más. #ExisterAmor no ha sido el único proceso en el que ha funcionado el ‘de las redes a las calles’ . En los últimos tiempos de Brasil ha habido muchos. Manifiestaciones de movimientos ciclistas en las urbes. Las mujeres desnudas de la Marcha de las Vadias inundando decenas de ciudades. Jóvenes tranformando una plaza en una playa en Belo Horizonte. Ciudadanos incentivando la convivencia de vecinos con el proyecto de redes Conheça Seu Vizinho. Y un largo etcétera. La política, sucediendo al margen de las instituciones. Lejos de los partidos. Nuevas lógicas horizontales que, en palabras del secretario Vinicius Wu, ponen en «jaque la capacidad de los actuales representantes de absorber las nuevas dinámicas sociales y políticas que se expresan en las calles del país». Política en red. Sociedad en red. Revuelta en red.

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Reunión de colectivos activistas en un callejón del barrio Vila Madelena, en São Paulo. Foto: Bernardo Gutiérrez

Domingo, 17.00 horas. El espacio de co-working Estufa, en el barrio de Vila Madalena de São Paulo , está hasta la bandera. Cientos de personas intentan organizar la megamanifestación del lunes. Hay cierta tensión. Nervios. Los acontecimientos han desbordado las previsiones. Cien ciudades del mundo, entre ellas Madrid, han confirmado manifestaciones de apoyo. Se intentan crear grupos de trabajo. Comunicación. Primeros auxilios. Un equipo de pacificadores. «¿Están organizados los abogados», pregunta una voz. No deja de llegar gente.

Tulio Tengi, de la Escuela de Activismo, habla casi gritando: «Queremos romper la narrativa de la violencia. Cubrir el lado del amor, de la no violencia. Es el foco». Se citan nuevas plataformas creadas en Facebook ( It happens in São Paulo). Nuevas cuentas de Twitter ( @vinegarwar). Se intenta encontrar un hashtag que explique al mundo lo que está pasando. Salen en la conversación el 15M, Occupy Wall Street, las revueltas de Turquía. #YoSoy132. Pero la etiqueta se resiste. No hay un consenso claro. Hay más preguntas que respuestas.

A las 18.00 horas, todos se dispersan. Hiperactivos. Hablando en corros o por sus teléfonos móviles.El gigante despertó. Nadie sabe hasta qué punto. Pero algo ha cambiado en la última semana. Se respira otro aire. Otra energía. Como comparte la urbanista Giselle Beiguelman en su perfil de Facebook, «la semana empieza en el largo da Batata. Redes y calles (y mucho ruido). Y eso es excelente. Sin grandes coaliciones, sin ídolos, sin líderes a los que seguir».

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La indignación brasileña toma las principales ciudades del país con un grito apartidista

Manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades de Brasil. En la capital, los indignados escalaron hasta el techo del Congreso Nacional. En Río de Janeiro rodearon la Asamblea Legislativa (Alejr) y en São Paulo, el Palacio dos Bandeirantres (Gobierno del Estado)

La protesta, iniciada para reclamar por el aumento de las tarifas de transporte urbano en São Paulo, sobrepasa la petición inicial. Sin embargo, los indignados todavía no tienen peticiones concretas

Bernardo Gutiérrez
Fuente: http://www.eldiario.es/internacional/indignacion-brasilena-principales-ciudades-apartidista_0_144535666.html

 

'Toma' del Congreso brasileño por manifestantes

‘Toma’ del Congreso brasileño por manifestantes

Jóvenes bailando sobre el techo del Congreso Nacional en Brasilia. Multitudes rodeando la Asamblea legislativa de Río de Janeiro (Alerj). Ríos de gente dirigiéndose hacia el Palacio Bandeirantes (Parlamento del Estado de São Paulo). Miles de personas colapsando la gigantesca avenida Paulista. Banderas brasileñas. Máscaras de Anonymous. Gritos apartidistas. Eslóganes globales. «Somos el 99%». Gritos locales. «Despertamos». «Vem Pra a Rua». Flores, muchas flores. No violencia casi generalizada. Y algunas escenas que los manifestantes querían evitar a toda costa: gases lacrimógenos, balas de goma, barricadas, fuego. Y una bomba casera explotando en las puertas de una Asamblea legislativa de Río de Janeiro (Alerj) absolutamente cercado.

Brasil explota. Hierve. Y en el país del fútbol nadie habla de la Copa de Confederaciones de la FIFA que se celebra en todo el país. ¿Qué está pasando en el gigante latinoamericano? ¿Cómo empezó la ya histórica jornada del #17J en Brasil?

16.00 horas. Largo de la Batata, São Paulo. La quinta gran manifestación contra el aumento de la tarifa del transporte urbano, convocada por el Movimiento Passe Livre, calienta motores. La expectativa es gigantesca. Más de 200.000 personas han confirmado presencia en el evento de Facebook. Hay manifestaciones convocadas en más de cien ciudades de Brasil. Y en más de cincuenta de todo el mundo. La jornada, además, comenzó con la cuenta de Twitter de la ultraderechista revista VEJA hackeada por Anonymous Brasil.

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16.45 horas. Un anciano –mulato, pantalones rasgados– grita a un corro de jóvenes: «No son 0,20 centavos. Le han entregado a Eike Batista (el millonario más popular de Brasil), las llaves del estadio Maracanã». Al lado, una joven sostiene un cartel: «El 99% exige: salud, educación, igualdad». Hay flores. Y muchas banderas de Brasil. A Renato Rovai, director de la Revista Forum, no le cuadra algo: «Es un momento delicado. Algunos partidos van a intentar sacar provecho. Sospechamos que la derecha ha lanzado la consigna de las banderas». La noche anterior, algunos activistas había pactado salir con banderas para protegerse de la policía (golpear a alguien con bandera nacional es ilegal). Sospechas aparte, Renato Rovai, un veterano periodista social, ve «algo nuevo».

 

El clima no es el de una manifestación clásica de la izquierda militante. Mucho menos de la derecha. Hay muchos carteles contra la subida de la tarifa del transporte. Pero también muchos otros lemas: «Free Assange», «Despertamos», «El pueblo despertó», «Occupy São Paulo», «basta de impunidad», «¿Hasta cuando será Brasil un país colonizado?»…

Se ven banderas de muchos colores. Pero casi ninguna de partidos políticos. De repente, un grito coral: «El pueblo no necesita partidos». Y un gran silbido. El equipo de la Rede Globo, con su reportero estrella Caco Barcellos, es recibido con gritos hostiles: «Fuera”, “abajo la Rede Globo”. André Deak, miembro de la Casa de Cultura Digital, también ve «movimientos raros de partidos políticos que van a querer apropiarse del proceso». La marcha arranca. Música festiva. Más flores. Y un grito que se repite, remezclado con otros ecos: «Sin partidos, sin partidos». Vera Pereira (48 años) y su hija Olivia (20 años) no están de todo de acuerdo. Pero están juntas. Cada una con una flor. La madre defiende el papel «de los partidos» en la democracia. Olivia discrepa. Se define como política, pero «apartidaria».

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Una manifestante usando la máscara de Anonymous, en el Largo da Batata (São Paulo). Foto: Bernardo Gutiérrez

18.00 horas. La marcha avanza hacia la avenida Faria Lima, nuevo epicentro económico de la ciudad. El 3G de los teléfonos móviles se atasca. Tampoco ha funcionado la estrategia para que los vecinos abran sus redes de WI-FI. Pero las noticias llegan boca a boca. Hay redada policial en la parada de Metro de Faria Lima. En Belo Horizonte hay 20.000 personas tomando las calles, dirigiéndose al estadio de fútbol Mineirão. Alguien cuenta en un corro que en Río de Janeiro hay 100.000 personas tomando la avenida Rio Branco. Sorpresa: más que en São Paulo.

De repente, el ambiente se encrespa. Un grupo de personas con máscara de Anonymous increpan a varios jóvenes que llevan la bandera del minoritario Partido da Classe Operária. «Oportunistas», gritan. El grupo de pacificadores creado el día previo por el movimiento coral, plural y horizontal que está adhiriéndose a la manifestación entra en acción. Calma los ánimos. Y la noche cae. Y la mayor manifestación en las últimas décadas de São Paulo pierde su cuerpo, su forma, su rumbo. El Instituto Data Folha de São Paulo habla de 65.000 manifestantes. Pero todos los callejones que desembocan en la avenida Faria Lima están llenos.

Es un flujo constante. La multitud crece. Y , de golpe, se dispersa. Una columna se dirige a la marginal Pinheiros (la circunvalación que rodea una parte de la ciudad). Otra, hacia la más céntrica avenida Paulista, escenario de las escenas de violencia de las anteriores manifestaciones. Betina Schimdt, una activista que trabaja por los derechos de los animales, resalta la transversalidad y horizontalidad de la manifestación: «El próximo paso es tumbar el Pacote de Aceleração del Crecimiento (PAC)» (un programa de grandes infraestructuras muy criticado por sus violaciones a los derechos humanos»).

El clima ha cambiado con respecto a las anteriores manifestaciones. Las televisiones de los bares son monocolores: #PasseLivre, manifestaciones. Hay programas especiales. La programación ordinaria de algunos canales se ha suspendido. Nada de telenovelas. El conservador diario O Globo se rinde ante el poder del ciberactivismo y a esa legión que en lugar de «palos y banderas», usa «móviles e Internet». Los medios resaltan el carácter pacífico de la revuelta. Y Lula, el popular ex presidente de Brasil, se manifiesta en su cuenta de Facebook. Frente a los que atacan la toma de las calles –algún miembro del Gobierno del Partido de los Trabajadores y buena parte de la derecha– Lula defiende la revuelta brasileña.

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¿Por qué explota una revolución aparentemente incomprensible en Brasil? ¿Por qué, justo ahora, unas semanas después de las revueltas de Estambul? ¿Hay alguna relación entre la explosión de la Primavera Árabe, el 15M, Occupy Wall Street y, #YoSoy132 o la primavera turca? «Todas estas revueltas tienen mucho una de otra. La nueva globalización no separa a los pueblos. Los indignados del 15M son vecinos del Passe Livre. Y eso es definitivo. Pero al mismo tiempo son revueltas con personalidades distintas», asegura Renato Rovai, director de la Revista Fórum.

Según avanza la noche los hashtags más populares en Twitter de Brasil se parecen a algunos ya vistos en la #GlobalRevolution: #PorUmBrasilOnde, #MudaBrasil, #GritaSemTerMedo. Y los que no se parecen en forma, sí lo son en contenido. Francisco Jurado, uno de los fundadores de Democracia Real Ya de España, comenta desde su cuenta de Twitter que la etiqueta#VerásQueUmFilhoTeuNãoFogeALuta (tomada de un poema de João Cabral de Melo) le recuerda al #TomaLaCalle que desembocó en el movimiento 15M.

Sin embargo, una buena parte del establishment brasileño, no acaba de entender la revuelta. Continúan asociando apenas el levantamiento popular con la subida del precio del transporte urbano. Hacen, incluso, lecturas partidistas. Hace unos días, un exalto cargo del Ministerio de Cultura (MINC) comentaba a este periodista que las manifestaciones del Movimiento Passe Livre benefician al gobernador del Estado de São Paulo, Geraldo Alckmin, del centroderechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en detrimento de Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

En las calles y las redes, el clamor apartidista crece. Los gritos, como el del tuitero @Totters , son otros: “Somos 99% contra 1%» # verasqueumfilhoteunaofogealuta«. Un panfleto recogido en la manifestación de São Paulo, del colectivo Territorio Livre, resume bastante bien la nueva realidad social que está fraguando en red en Brasil: «Algunos partidos ya intentan desviar el movimiento para sus propios intereses electorales oportunistas. Quieren transformar la lucha en la vieja disputa entre el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido de la Socialdemocracia Brasileira (PSDB)…»

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20.52. Rio de Janeiro es una olla a presión. El solemne Teatro Municipal está absolutamente cercado. Pero la multitud tiene otro objetivo: la próxima Asamblea Legislativa de Río de Janeiro (Alerj). El clima, según el Grupo O Globo, ha sido muy pacífico. Pero unas pocas personas intentan ocupar la Asamblea. Alguien tira una bomba casera en la puerta ( vídeo). Empieza la represión policial. Persecuciones en las calles. Gas lacrimógeno. Heridos tumbados. La noche del #PasseLivre se desboca. Pero algo ha cambiado en Brasil en apenas una semana. El locutor del programa Cidade Alerta, de la conservadora Rede Record, habla con una lógica diferente. Critica la violencia, pero elogia la revuelta: «La gente no aguanta más. No hay transporte público. Está en juego el futuro de nuestros hijos. La educación es mala. No tenemos buenas pensiones». ¿Qué está pasando en Brasil?

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La noche avanza. El #PasseLivre ya no protagoniza la información. La revuelta parece ya otra cosa. Hace unas horas han hackeado la web del Mundial de Fútbol de 2014 del Gobierno brasileño. Anonymous ha invadido la cuenta de twitter de la mismísima Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, dejando un recado revolucionario. Dilma ha lanzado hace unas horas un comunicado respetando las protestas. La multitud ocupa los más de tres kilómetros de la avenida Paulista de São Paulo. Y se dirige hacia el Palacio dos Bandeirantes, sede del Gobierno del Estado de São Paulo.

La gran sorpresa de la noche llega en torno a las 21.00 horas. Una multitud ha escalado el techo del Congreso Nacional, en Brasilia. Bailan, gritan. Sus sombras gigantescas, ocupando la fachada blanca del edificio, se convierten en un auténtico viral en las redes sociales. ¿Quién habría pensado al inicio de la tarde que alguien iba a ocupar el tejado del Congreso en Brasilia?

 

Confusión. Caos. Emoción. La concentración frente al Palacio de los Bandeirantes en São Paulo acaba en confusión. En Belo Horizonte la Policía Militar termina usando gases lacrimógenos. Un periodista ha sido golpeado en Río de Janeiro por los manifestantes. Pero para los brasileños, incluidos los medios, todo lo anterior pasa casi desapercibido ante la magnitud del acontecimiento. Los brasileños sienten que el #17J es ya día histórico. Lo comparten en redes. Sueñan con algo diferente.

El periodista independiente Pedro Alexandre Sanches, en su blog, confiesa que lloró: «Lloré mucho cuando ganamos la avenida Paulista, la joya de la corona capitalista de la burguesía paulistana, paulista y brasileña. En las ventanas de los edificios de la Paulista se asomaba mucha gente y había sábanas blancas».

Rodrigo Savazoni, jefe del Gabinete del secretario de Cultura del Ayuntamiento de São Paulo, comparte emocionado en Facebook un largo párrafo: «Es hora de sentir. De vivir. De participar. De compartir. Viví unos de los días más especiales de mi existencia». ¿Hacia donde irá la revuelta brasileña que comenzó con la reivindicación del #passelivre? ¿Vivimos un nuevo episodio de la revolución global?

Los gobernantes de São Paulo se ha apresurado a marcar una reunión urgente con los movimientos de la ciudad para las próximas horas. El Movimiento Passe Livre ha convocado una nueva manifestación a las 17.00 horas en la plaza de la Catedral. Pero la revuelta de Brasil ha sobrepasado sus fronteras y peticiones iniciales. Parece otra cosa. Una nueva grámatica para leer la nueva sociedad. Renato Rovai, en un texto publicado hace pocas horas, lanza una previsión difusa. Quizá sea la más acertada: «Las calles pueden equivocarse, pero suelen dar buenos recados. Todavía hay tiempo para que esto sea otra cosa. No es una primavera brasileña. Pero puede ser. No es un Fuera Dilma, pero puede ser. No es contra Haddad (alcalde de São Paulo), pero puede ser. Y está casi todo siendo contra Alckmin, por lo que vi hoy».

La vieja política intentará solucionar la revuelta usando las mismas reglas del juego. La revuelta, parafraseando el clásico Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade, evolucionará «perezosa en el mapamundi de Brasil». Porque mientras la revuelta se ha extendido por 25 países, Brasil, el País Que Un Día Dejó de Hablar de Fútbol parece seguir flotando en aquel texto de 1928: «Fue porque nunca tuvimos gramáticas ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental».

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Más enlaces de interés relacionados:

http://www.eldiario.es/internacional/Brasil-cocina-revolucion-red_0_144185664.html

http://www.20minutos.es/noticia/1843570/0/indignados-brasil/passe-livre-protestorj/copa-confederaciones/

http://www.youtube.com/watch?v=JMGpMvOTIeU

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=W6QVLE8PQJ8

http://wiki.15m.cc/wiki/Protestas_en_Sao_Paulo_por_la_subida_del_precio_del_transporte_p%C3%BAblico

http://www.facebook.com/events/388686977904556/392745787498675/?comment_id=392748820831705&ref=notif&notif_t=like

 

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