Han desalojado la Osera de Usera

Asamblea tras el desalojo de La Osera de Usera

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La Osera de Usera

Marcos.

28/11/2011. Por estas fechas se cumple un mes desde que naciera el centro social autogestionado de la Osera, en el distrito madrileño de Usera, un edificio okupado en el que iba a ser el teatro de Almendrales, abandonado desde hace más de quince años. La Osera cuenta con el apoyo de las asambleas populares de Usera, Carabanchel y Arganzuela del 15-M, pero es una iniciativa de un grupo de vecinos impulsados por la ilusión de contar con un centro social en el barrio.

Dos okupas de la Osera me han invitado amablemente a conocer el proyecto y a las cuatro de la tarde nos sumergimos en el edificio tras cruzar la estrecha puerta metálica de la entrada. La primera sensación es de desconcierto. No es un teatro fantasma, es un teatro no nacido. En medio de la penumbra asoman vigas desnudas, paredes de ladrillos rojos y un suelo de hormigón inclemente. Sin embargo, aquí y allá se atisban los avances de la cuadrilla de okupas: paredes encaladas, vallas protegiendo las zonas peligrosas, sacos de escombros ordenados en un rincón, herramientas de trabajo…

La ilusión con la que los dos jóvenes comienzan a describir el proyecto termina por disipar cualquier duda sobre lo que pueden conseguir y termina siendo inevitable entusiasmarse con su entusiasmo: «para limpiar las vigas vamos a hacer rapel desde el techo», «esperamos desatascar todas las arquetas en unos días cuando…», «para bajar los sacos de la cuarta planta hemos montado un sistema de cuerdas que…». Ingenio, creatividad, esfuerzo y, sobre todo, voluntad son las herramientas de estos genios del apaño y la arquitectura artesanal.

Bajamos a la última planta, que denominan Fukushima 5 por razones que en seguida se comprenden. El teatro inacabado, contiguo a un centro del Insalud, había servido de palomar durante años. El guano, con la lluvia, el polvo y los cascotes había formado una capa de metro y medio de una asquerosidad indescriptible que, palada a palada, los okupas han limpiado y guardado en sacos de obra. En total, unos mil sacos de escombros, «más otros mil si contamos la madera», añade uno de los jóvenes aún fatigado de solo recordar la trabajera que se han metido entre pecho y espalda.

No hay dinero para Usera

Nos vamos de Fukushima a la azotea, donde hay otros dos okupas. Uno está dibujando el logo de la osera, otro repone fuerzas para seguir la jornada laboral. Nos sentamos y hablamos del proyecto.

—¿Qué ofertas sociales gratuitas tenéis en Usera? —pregunto de sopetón.

Se miran pensativos y por fin uno responde:

Bueno, hace como unos siete años nos pusieron una biblioteca…

Oye, que está de puta madre, si tiene hasta Internet —replica otro mientras nos reímos los cinco.

Hace un momento me han explicado por qué dejaron el teatro a medio construir: «Hace casi veinte años, les dio por empezar lo que iba a ser el teatro de Almendrales, pero luego abandonaron la obra a la mitad y ahora se están peleando por el solar, que es propiedad del IVIMA».

—¿Por qué no lo terminaron?

No conocemos bien la historia… —responde con tristeza uno de los jóvenes—, supongo que es cuestión de prioridades, los teatros son para la zona centro, para Latina y Ópera, pero habrán pensado que en Usera no lo necesitamos.

Otro okupa añade que, al parecer, para terminar la obra necesitaban dos millones de euros y que en los últimos quince años no se ha conseguido reunir el dinero suficiente para concluirla. Pienso en los 620 millones de euros en publicidad autopromocional que lleva gastados el gobierno regional desde que empezó la crisis en 2008, a los cuales habría que sumarles los 111 millones previstos en el presupuesto de 2011, pero me callo. Supongo que el gremio de publicistas que trabaja para Esperanza Aguirre es más importante para el conjunto de la sociedad que los vecinos del distrito de Usera. Y, hablando de vecinos…

—¿Cómo se han tomado en el barrio que entraseis en el teatro?

Al principio raro, pero luego, cuando nos vieron trabajando la situación mejoró mucho y ahora, la verdad, es que va muy bien.

Ya hasta nos traen rosquillas —añade otro entre risas al recordar una vecina solidaria.

En un barrio de trabajadores, el trabajo es un valor que disipa cualquier recelo.

Un proyecto para el barrio

Les pregunto por el futuro, ¿para qué están invirtiendo tanto esfuerzo?, y se desata un huracán. Los cuatro hablan atropelladamente enumerando la miríada de proyectos que están preparando: clases de inglés, de español para extranjeros, exposiciones, talles de bici, conciertos, alfabetización de mayores, clases extraescolares, exposiciones, un rocódromo, teatro, estudios de música… hasta piensan montar un huerto urbano en la azotea para dar clases de horticultura. Más que a un edificio, están dando vida a un barrio. Una vez habilitado, quien quiera podrá proponer cualquier actividad sin necesidad de sortear trabas burocráticas y, lo que es más importante, de forma gratuita y autogestionada.

Sin embargo, el proyecto corre riesgo de ser cercenado por la administración municipal y la policía. Hace unos diez días han recibido un aviso de que ha comenzado el proceso administrativo para desalojarlos. Una vez que el juez dicte sentencia, la policía tendrá vía libre para echarlos en cualquier momento y la Osera, reconvertida en el teatro inacabado de Almendrales, volverá a ser hogar de palomas hasta que alguna constructora consiga el solar.

Está por ver, sin embargo, que los vecinos y vecinas se dejen arrebatar este proyecto ciudadano que viene a suplir la desidia de la administración en uno de los distritos menos atendidos de la ciudad. Mientras tanto, quien quiera apoyar esta iniciativa, puede ponerse en contacto con la Osera en el correo laoseradeusera@gmail.com.

Cae la tarde, mientras hemos hablado han ido llegando más jóvenes. Unos se han puesto a enyesar, otros a pintar, desescombrar, limpiar, tender cables… Todo este esfuerzo ciudadano no puede, no debe, perderse en el tsunami de la especulación inmobiliaria.

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La Osera Resiste

La Osera

Vecinos y vecinas, amigos y amigas de La Osera.

Ante el desalojo de La Osera este 5 de julio, nos dirigimos a quienes han apoyado y apoyan este proyecto de liberación y autogestión del espacio en el distrito de Usera.

El IVIMA pretende “dar una lección” y clausurar un proyecto autónomo y transformador, en un espacio que ha tenido abandonado durante 17 años y para el que no tiene más plan que volver a convertirlo en palomar.

La agresión se produce cuando, en los últimos meses, hemos asistido al desalojo del CSO La Salamanquesa, en el barrio de Salamanca, y al anuncio de cierre de La Casika, en Móstoles, este último un espacio con 15 años de historia y lucha.

No es casualidad: en el momento de ataque brutal, económico y social, contra el 99% de la población de este país, los espacios liberados son un núcleo de resistencia y acumulación de fuerzas.

Nos quieren arrebatar todo por lo que han luchado generaciones anteriores: sanidad, educación, vivienda, derechos laborales y sociales, libertades públicas.. y para ello deben aplastar cualquier intento de autogestión, de autonomía y de poder popular.

Sabemos que somos una prioridad en su punto de mira. Los centros sociales les molestan. La propia delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, ha apuntado que “las importantes casas okupas en Madrid” son el “soporte logístico” de movimientos como el 15M. Está reciente su exabrupto contra La Tabacalera. En realidad, están en su objetivo todos los movimientos sociales que quieren transformar la realidad desde estos espacios liberados.

Es por ello que pedimos la solidaridad de todos los vecinos y vecinas del barrio, así como de organizaciones sociales y que luchan, para quienes La Osera ya se había convertido en un referente cultural y social. La Osera pertenece al pueblo, no a las instituciones del régimen.

Y anunciamos que, pase lo que pase, el proyecto seguirá adelante y la reclamación del edificio también, por más que le pese al director gerente del IVIMA, señor Juan Van Halen, al que señalamos como primer responsable.

¡No a los desalojos!

¡Qué florezcan diez, cien, mil centros sociales!

¡La Osera resiste!

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