La Okupación como analizador

 

19/11/2011. El Centro Social Okupado Minuesa fue una de las primeras experiencias de okupación que se dieron en Madrid y una de las más duraderas y míticas.  En el año 1988 y aprovechando la lucha de lxs trabajadorxs que se habían encerrado en la imprenta Minuesa (calle Ronda de Toledo nº 24 por aquellos tiempos) para luchar contra la quiebra de la empresa y salvar así sus puestos de trabajo un grupo de personas de diferentes movimientos asociativos y sociales del barrio empezaron a hacer causa común con lxs trabajadorxs en huelga y comenzaron a usar las instalaciones como espacio cultural alternativo, autogestionado y beligerante con las políticas neo-liberales aún recientes en el Estado español de entonces.

Poco tiempo después la imprenta quebraba definitivamente y el lugar abandonado pasó a ser un espacio cultural que atrajo durante varios años a varios miles de personas en sus conciertos, charlas y actuaciones. Su desalojo fue uno de los más violentos en la historia de la okupación madrileña y estatal y son conocidas por todxs las imágenes de la policía tratando de entrar y sacando a la gente a golpes mientras por los altavoces sonaban canciones reivindicativas llamando a la gente a una respuesta contundente y a la altura de la situación.

Este documental de escasos 17 minutos de duración es uno de los pocos testimonios que quedan hoy, más de 10 años después, de aquella emblemática expresión de fuerza, horizontalidad y de que cuando el pueblo se pone en pie y se organiza, es pueblo libre.

Viva la anarquía.
¡¡Desalojos son disturbios!!.

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Crónica Popular

1992, es el V centenario del descubrimiento de América, y en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid el ambiente está que arde. Parte del alumnado del departamento de antropología americana se pregunta ¿para qué tanto hablar de los indios que construyeron pirámides hace 500 años, mientras se calla que las poblaciones indígenas que persisten en la actualidad son perseguidas, marginadas y explotadas con la colaboración del silencio cómplice de Occidente?

De pronto, la revolución zapatista sorprende al mundo (re)descubriendo en el (re)descubrimiento de Latinoamérica que los indios aún existen y que están viviendo un infierno en la Tierra por el acoso de las multinacionales y una larga serie de gobiernos militarizados que no dudan en masacrar poblaciones enteras a la que asoman la cabeza fuera de las milpas, como fue el triste caso de Guatemala.

Los movimientos sociales están protagonizados por la insumisión al servicio militar, un esfuerzo colosal de miles de compañeros que finalmente dio sus frutos con el fin de la mili obligatoria, y comienza a cobrar cada vez más fuerza la okupación como estrategia de activismo social. Son los años de oro del mítico centro social okupado Minuesa, en Ronda de Toledo, confluencia de una miríada de colectivos que trabajan en Madrid.

En este contexto, Raquel Cartas Martín, Manuel Ortiz Mateos y Juan Luís de La- Rosa Municio del departamento de antropología americana elaboraron un estudio sobre la okupación, cuyo análisis conserva toda su vigencia: La okupación como analizador. Para desarrollar la investigación contaron con el apoyo de Carlos Caravantes García, especialista en organizaciones indígenas y figura clave del análisis institucional en España.

En esencia, el análisis institucional ―tal y como lo plantearon George Lapassade y René Lourau― se basa en la observación de los comportamientos institucionales cuando un factor desencadenante provoca una reacción que obliga a revelar su propia naturaleza. Para entendernos, valga como ejemplo la realidad que sale a relucir durante un desalojo: los bancos, que invierten millones en campañas publicitarias para convencer de sus grandes esfuerzos en obra social, se revelan como agentes de la usura capaces de arrojar familias con niños a la calle por el impago de una sola letra de la hipoteca; y la policía, que dice respetar la Constitución y estar al servicio de la ciudadanía, desprecia el derecho constitucional a una vivienda digna y se esfuerza en disolver los piquetes solidarios, anteponiendo así el interés de una entidad crediticia al de las personas.

El estudio completo de aquellos tres jóvenes investigadores puede leerse en la web del departamento de historia de antropología americana, pero a modo de muestra incluimos en Crónica Popular el último capítulo, que da título a la investigación.

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La okupación como analizador

En este capítulo veremos cómo los diferentes actores que han ido apareciendo en este trabajo -okupas, instituciones estatales y población en general- han interactuado entre ellos haciendo que se provoque una serie de situaciones y de respuestas. Veremos cuáles han sido las causas que han motivado la aparición del fenómeno okupa, qué discurso han presentado estos y como éste ha transformado o desencadenado una serie de respuestas en los sectores sociales a los que se ha mandado. Respuestas que también han provocado transformaciones y replanteamientos en el discurso dentro de los propios okupas.

Aparece así un complejo sistema de intercambio de mensajes e información entre los diferentes grupos arriba mencionados que provocan la transformación y redefinición de cada uno de ellos. Es en esta interacción, en las relaciones sociales, donde el efecto de los analizadores se hace patente. Donde las acciones y reacciones de los diferentes grupos hacen visible rasgos cotidianamente ocultos por lo instituido (normalizado). Veremos aquí las diferentes acciones y reacciones que se desencadenan con la presencia de un analizador como puede ser el fenómeno de las okupaciones en la coyuntura social urbana madrileña.

Es necesario puntualizar que las acciones concretas que pueda desencadenar un fenómeno no dependen tanto del propio fenómeno como analizador construido (que surge y se propone como analizador y que, por tanto, persigue unos fines y prevé unas consecuencias), es decir, que independientemente del mensaje que se pretenda lanzar a la sociedad desde un fenómeno como puede ser el que aquí nos ocupa, el analizador (porque es) desvelará cajas negras normalmente aceptadas (como que los hijos y las hijas vivan con sus padres hasta edades avanzadas). Así la percepción que se tenga del fenómeno ya no dependerá tanto del hecho en sí, sino de otros muchos factores sociales que condicionan dicha percepción, considerando aquí la educación institucionalizada, como mecanismo de control social, el más importante.

Podríamos considerar el fenómeno de OKUPACIÓN (con k) como un analizador construido en tanto que, como hecho concreto, pretende desvelar (denunciar) ciertos aspectos de la realidad social. Ya no tanto el problema de la vivienda o el empleo que como hemos visto son aceptados como tales por las instituciones (lo que nos muestra que ya están desvelados) sino más bien los intereses que se ocultan tras estos problemas.

Pero la okupación no es sólo analizador porque se plantea como tal sino también por toda una serie de factores que surgen directamente de la confrontación directa entre el movimiento alternativo en general y el sistema capitalista. Confrontación entre unas relaciones sociales instituidas y unas nuevas que se plantean y se ensayan en los espacios liberados o reapropiados. (De esta manera el modelo de autogestión, personal y colectivo, propuesto es analizador incluso dentro de las propias okupaciones ya que sus integrantes no dejan de formar parte del sistema instituido). Igualmente se confrontan las actitudes personales de los y las okupas con las que se tendrían por válidas en el resto del sistema.

Técnicas de supervivencia

Partiremos de la situación social problemática que afecta a nuestra sociedad y muy especialmente a la juventud. Situación social problemática que las instituciones reconocen -como hemos visto anteriormente- pero no atajan. Situación que se sufre por algunos sectores de la población cotidianamente y se intentan superar mediante formas más o menos legales de «supervivencia»: no pagar el transporte público, recuperar tiempo mediante el absentismo laboral, robos en grandes superficies comerciales… Todas las técnicas de «supervivencia» o de sobrellevar los problemas cotidianos que se dan de forma individual no atacan directamente a la situación que las provoca, sobre todo porque no la cuestionan, son adaptaciones a esa situación concreta. La gran abundancia de problemas -paro, empleo precario, drogas, violencia, falta de vivienda, marginación…- existentes hacen que las expectativas de futuro sean bastante oscuras y distantes para la juventud.

Las instituciones estatales por incapacidad o porque al sistema no le interesa no crean soluciones reales a los problemas existentes, haciendo así que su credibilidad entre los ciudadanos disminuya. No nos extenderemos más en los motivos y causas que han provocado esta problemática social. El hecho es que esta situación crítica y problemática ha provocado que se generen una serie de respuestas, en algunos sectores de la sociedad, de rechazo y de rebelión a la situación existente.

Dentro de uno de estos sectores podríamos encontrar al movimiento alternativo y al fenómeno okupa como movimiento social colectivo en cuanto que rechaza esa supervivencia o adaptación individual. Ya en 1986 se podía leer en los comunicados cosas como esta: «La gente joven de Madrí sufrimos un modelo de sociedad que se nos hace inaguantable; estamos hasta el culo de policía y de contaminació hasta el culo de trabajar y del paro. Hartos de sobrevivir y conscientes de que mediante la unión y la lucha vamos a poder ir cambiando este sucio horizonte…» (El subrayado es nuestro).

Este movimiento o fenómeno, por lo menos en sus orígenes, por su respuesta y sus planteamientos supone una ruptura con lo instituido por el sistema. Plantea nuevas formas de relación y organización política y social encaminadas a la transformación social y a solucionar los problemas generados por el sistema vigente. Cuestiona el sistema en definitiva, y no sólo con la denuncia de unos problemas concretos como puedan ser la especulación, la manipulación de la información… sino también creando espacios donde se dé otro tipo de relaciones sociales, poniendo en práctica unas relaciones sociales alternativas a las instituidas.

Como podemos ver el mensaje y los planteamientos del movimiento alternativo y, dentro de él, del fenómeno okupa entran directamente en confrontación con las bases ideológicas y prácticas del sistema actual -si bien las bases del sistema no se expresan claramente en este estudio, sí podemos apreciar, gracias al efecto que provoca el analizador planteado por la okupación, algunas de las premisas que rigen las relaciones sociales y que la mayoría de las veces permanecen ocultas.

Realidades que salen a la luz cuando en un juicio a okupas se prima el derecho a la propiedad privada sobre el derecho a la vivienda. Realidades como que se acepte comúnmente de forma generalizada la convivencia de los y las jóvenes con sus familiares hasta edades avanzadas, así lo que en un principio puede considerarse una adaptación, una forma de supervivencia cotidiana, se convierte en algo normalizado, institucionalizado que contribuye a que esos y esas jóvenes no reclamen públicamente su derecho a la emancipación y a una vivienda digna, a la vez que el sistema sigue perpetuándose.

Es por ello y por mucho más por lo que la okupación como movimiento colectivo tiene un carácter desestabilizador, pues pretende romper con lo establecido, con lo instituido-. Este mensaje desestabilizador para el sistema y transformador de la sociedad ha sido recogido en los últimos años por la sociedad y sus instituciones en diferentes maneras, dependiendo de las circunstancias del momento y, en consecuencia, han contestado también en distintas formas y grados. Su recepción ha dependido de las circunstancias y de los factores que intervienen en la percepción del mensaje.

El medio es el mensaje

Durante los primeros años de la okupación el mensaje enviado a la sociedad era muy confuso, debido por un lado a la aun poca consistencia ideológica -o, mejor dicho, un discurso teórico poco elaborado, sobre todo porque al ser un fenómeno nuevo, no se había dado ningún debate interno profundo en, desde y sobre las okupaciones. De este modo podemos ver que se planteaba la okupación como una respuesta a ciertos problemas reconocidos y sufridos por unos grupos de jóvenes, problemas como la falta de espacio (vivienda y lugares de ocio) y de una cultura que respondiese a sus necesidades intelectuales- y práctica del movimiento alternativo, fruto de su inexperiencia y juventud, por otro lado los medios informativos se encargaron de aumentar aún más la confusión sobre lo que estaba ocurriendo.

Con el paso de los años el movimiento alternativo ya ha conseguido una cierta consolidación física e ideológica, siendo capaz de plantear discusiones y alternativas políticas más consistentes. Asimismo también se ha venido produciendo una acumulación de experiencia personal por parte de las y los okupas que llevan más tiempo implicadas e implicados en el movimiento alternativo.

También una parte del fenómeno okupa, el más cercano a los planteamientos más revolucionarios de sus orígenes, se ha consolidado, permitiendo que su existencia sea más conocida en la sociedad en general. Aunque muchas veces sólo se conoce una parte del fenómeno, o una parte falseada. La consolidación también puede deberse a una institucionalización, por lo menos de la parte visible, del movimiento dentro del sistema -independientemente de que sea encasillado en categorías ya existentes como delincuencia, juventud rebelde, terrorismo, tribu urbana…-. En esta institucionalización juegan un papel decisivo los medios de comunicación, desde donde, consciente o inconsciente-mente se muestra sólo una parte del fenómeno, la vistosa, la espectacular.

Pero además se está dando una consolidación al extenderse el fenómeno entre un sector cada vez mayor de la juventud y con la proliferación de centros sociales auto gestionados en muchos barrios y pueblos de Madrid, donde pueden ser conocidos por las ciudadanas y ciudadanos directamente.

Podemos calificar a las okupaciones como un grupo sujeto pues intenta provocar un cambio en el sistema adoptando una posición activa, así necesitan la información del exterior para plantear el cambio social. Es decir, la okupación, necesita conocer el sistema y que el sistema la conozca para enfrentarse con él y así poder establecer una vía alternativa a la instituida.

La apertura e intercambio de información del interior, la okupación, al exterior, el resto del sistema, es totalmente necesaria para mantener la confrontación entre ambos. Por supuesto también es totalmente necesaria para proponer una experiencia de cambio y que la sociedad la reciba produciendo algún tipo de respuesta. Cómo este mensaje ha calado en la sociedad varía en función de las vías por las que se ha establecido el contacto y diálogo entre okupas y no okupas, y también, como ya hemos apuntado, de otros factores como pueden ser los educacionales o la manipulación de la información.

Percepciones de la okupación

Existe una parte de la sociedad que ha visto en el fenómeno okupa una solución a sus propios problemas y la posibilidad de articular junto a éste un bloque de lucha para solucionarlos; dentro de este grupo podemos encontrar a aquellos sectores que por alguna razón ya habían entrado en conflicto con las instituciones como son vecinos y vecinas de barrios con problemas de especulación, movimientos vecinales de base, grupos políticos y gente descontenta con el sistema en general.

Es con estos grupos, grupos sujeto, con los que el movimiento alternativo y los y las okupas han conseguido un mayor intercambio de información dando como resultado la articulación de movimientos de reivindicación y lucha que buscan la transformación social. Sin embargo este grupo no deja de ser un pequeño sector dentro de la sociedad.

Entre los factores que mediatizan y condicionan el intercambio de información entre el resto de la sociedad y la okupación podríamos empezar destacando la acción del poder, quién ha respondido haciendo frente a aquello que lo ataca y desautoriza mediante un férreo control social dirigido por un lado a la sociedad y por otro a aquellos y aquellas que se desvían de lo instituido, en este caso los y las okupas, en tanto que intentan demostrar otro modelo de relaciones sociales. El poder político del sistema crea una serie de mecanismos para mantener su estatus de autoridad, con el que se quiere romper desde el movimiento alternativo mediante la autogestión individual y colectiva.

Esta necesidad de autolegitimación del poder viene dada porque no puede mantenerse únicamente por la intervención de la costumbre o de la ley. Los mecanismos a los que recurrirá el Poder instituido, para poder mantenerse vigente en la sociedad irán desde la persuasión o control del pensamiento hasta la coerción y represión. El poder político no puede mantenerse sólo por la coerción sino que necesita una parte del consentimiento y una cierta reciprocidad de la sociedad sobre la que se asienta. El poder intenta justificar su existencia y acciones bajo un aspecto de necesidad e interés global para la sociedad, así ésta se ve como parte de los intereses de aquel y hace suyo su discurso.

Es el poder político instituido quien convierte a sus enemigos, aquellos desviantes que lo cuestionan, en los enemigos de la sociedad global -claro que la sociedad como cuerpo de relaciones entre individuos está instituida como un sistema determinado, entonces es lógico que la sociedad se identifique con el sistema-. Mediante la confusión y la deformación de la realidad el poder hace aparecer ante la sociedad a aquellos que no comulgan con él como verdaderos enemigos de ésta, es decir, el poder se presenta como algo necesario para mantener un orden interno con el fin de preservar a la sociedad de sus enemigos, lo diferente a lo instituido por él. Crea ante la sociedad una necesidad de mantener una figura que los guarde de aquello que se sale de la norma, norma que, por ser norma, ha sido creada o institucionalizada por el poder político, como centro que dirige y gestiona las relaciones.

Según Weber el poder establece dos tipos de dominación legítima: Una dominación legal de carácter racional, en la cual podríamos encuadrar las leyes, la enseñanza etc. encaminadas a legitimar de una manera más o menos coherente la existencia del sistema y sus obras; y una dominación tradicional basada en la legitimidad del poder ostentado conforme a la costumbre, es decir el poder influye y adiestra a la gente para que no cuestione ciertas normas, o incluso la existencia de cierto sistema ya que se hace ver como algo necesario y normal y por ello insustituible, sin alternativa, por lo cual no admite discusión y debe ser asumido sin más.

El poder político del sistema necesita del trabajo y consentimiento de los individuos a los que gobierna para poder mantenerse; es por esto, y aunque le pese, por lo que no puede ser enteramente autocrático, por lo que busca y recibe una parte de adhesión de los gobernados y las gobernadas, los y las cuales seguirán legitimando su existencia y acciones.

Pese a todo el poder también es impugnado por lo cual, si es necesario, promoverá una serie de adaptaciones, como pueden ser el cambio de leyes o el partido político que gobierna, que no contradicen sus principios fundamentales y que hará parecer ante la sociedad que el sistema está abierto y puede cambiar, aunque la realidad es que siempre es el mismo, moviéndose y adaptándose de un lugar a otro dentro de los límites que ya antes había marcado según sus intereses, pero nunca produciendo un cambio en la estructura de las relaciones sociales.

Control de pensamiento y coerción

Como mencionamos anteriormente los mecanismos utilizados por el poder para la legitimación de su estatus son el control de pensamiento y la coerción.

El control de pensamiento se orienta principalmente a la prevención de las posibles desviaciones que puedan hacer peligrar el estatus de los centros de poder en el sistema, pero por otro lado legitima las acciones represivas hacia tales posibles desviaciones.

Una de las formas de control de pensamiento consiste en identificar a la sociedad en general con las élites gobernantes o el poder político (gestor formal de las relaciones sociales) mediante el goce indirecto de la pompa y dirección de los acontecimientos públicos/políticos mediante una serie de instituciones diseñadas para ello y a cuya justificación se orienta gran parte de la educación formal.

La democracia parlamentaria sería un instrumento al servicio de los poderosos, a través del cual se pretende apaciguar a los ciudadanos y las ciudadanas más desfavorecidas para evitar la rebelión. Se trata de una institución legitimadora del sistema dotándolo de una apariencia de popularidad.

Es la educación oficial el medio más poderoso de control del pensamiento. Con los prejuicios recibidos de una educación dirigida a mantener y defender los privilegios injustificables de unos pocos se consigue que se legitimen y se mantengan dichos privilegios sustentados por un sistema social como es el actual, totalmente contrario a lo que sería un sistema popular más justo. El sistema va modelando a lo largo de la vida el tipo de persona que quiere y le conviene: primero a través de la familia, personas ya modeladas, posteriormente en el sistema educativo oficial, luego forzándosela a adaptarse a una serie de normas sociales etc. El poder, gracias a las relaciones verticales establecidas, dirige e impone una educación institucionalizada desde arriba, orientada a mantener ese tipo de relaciones verticales autoritarias mediante la implantación de una serie de valores en los individuos, como la competitividad, el sometimiento a las normas, el autoritarismo…

Junto a la educación familiar, maestros, escuelas y otras instituciones adiestran a cada generación en los servicios técnicos y de organización necesarios para la supervivencia del sistema y del tipo de relaciones sociales que implica. Para construir una sociedad diferente harían falta personas diferentes, es por esto que el poder, y las instituciones encargadas de legitimarlo, se empeña en controlar todo aquello que puede generar algo diferente y en reprimir y desacreditar -para justificar la represión- aquello que ya lo es.

No sólo las instituciones explícitamente educativas sino cualquier otra creada desde el poder o adaptada a los intereses de éste mediante su gestión, educan a las personas en tanto que éstas deben adaptarse al tipo de relaciones que allí se dan, lo que implica reconocerlas junto con aquello que conllevan: verticalidad, autoridad, desigual acceso a la información. Esto lleva a una perpetuación del sistema tal y como está instituido.

Se implantan sentimientos de odio y de miedo a través de la educación para mantener su propio orden frente a otro opuesto, que puede representar una alternativa. Se crean métodos de adoctrinamiento encaminados a ver a los iguales como la causa principal del fracaso.

Se divide a las clases oprimidas, enseñando a estas a cargar con la culpa de sus problemas y a dirigir su resentimiento contra sí mismos o contra aquellos con quien tienen que competir y que se encuentran en el mismo peldaño de la escala social instituida. Se crea un sentimiento de autocontrol en las propias personas al autorrechazar sus propias ideas por ser diferentes y no tener cabida entre las de la mayoría. Se hace creer que lo diferente es lo equivocado, lo desviado, algo que hay que arreglar.

Se mantiene a la mayor parte de la población ignorante del funcionamiento total del sistema político-económico, informando sólo de aquello que se quiere, de la manera que se quiere. Los medios de comunicación también ejercen un doble papel al servicio del poder en el control del pensamiento. Por un lado dan una visión parcial y deformada de la realidad, legitimando e instruyendo a la sociedad sobre lo que es y no es correcto, y sobre lo que hay o no hay que hacer. Por otro lado mantiene a gran parte de la población inerte y entretenida con el fin de mantener la mente de los ciudadanos y ciudadanas ocupada en temas que no potencian su espíritu crítico y no cuestionan los problemas cotidianos que afectan directamente a la población.

Cuando aun después de todos los mecanismos explicados sobre la implantación del control del pensamiento por parte del sistema a la sociedad existen sectores desviantes que niegan o rechazan el sistema instituido, es entonces cuando se emplea contra estos la coacción física mediante las fuerzas policiales/militares en combinación con el sistema judicial/carcelario.

Aunque las democracias parlamentarias occidentales recurren más al control del pensamiento que a la coacción física también dependen de armas y cárceles para mantener el estatus de sus centros de poder cuando éste se ve en peligro. Cuando el control del pensamiento no es suficiente y hay ciudadanos y ciudadanas que no creen en el orden impuesto sólo se les mantiene sujetos con la amenaza del castigo físico.

Deslegitimación del discurso

Es en épocas de crisis cuando las desigualdades y las divisiones sociales se hacen más patentes, cuando se pueden hacer visibles las contradicciones del sistema. Es en estas épocas de transformación cuando el sistema y sus dirigentes se sienten más inseguros ante el peligro de rebelión. Es precisamente en estos momentos cuando la coacción física es más patente con un endurecimiento de las leyes, una mayor presencia policial en las calles y un aumento del discurso legitimador del sistema ante esta situación.

Como hemos podido ver el discurso alternativo y la práctica de la okupación son dos elementos que deslegitiman, cuestionan y atacan directamente algunos principios básicos del sistema político, económico y social impuesto, como puede ser el principio de autoridad, jerarquización social y política, economía capitalista, incuestionabilidad del sistema existente etc. Es por esto que el Poder/sistema político ha aplicado todo su mecanismo de control social para estabilizar y anular toda esta situación desencadenada por el grupo desviante, el alternativo-okupa.

El Estado ha aplicado un férreo control social ante esta situación que abarca desde el control del pensamiento, aplicado a la sociedad para provocar en ella un rechazo hacia la okupación, hasta la coerción física aplicada directamente sobre los y las okupas y a todos aquellos grupos que cuestionan el sistema reinante y proponen alternativas viables a éste.

En lo referente al control del pensamiento el Estado pone en marcha unas acciones de legitimación de su estatus y actuación de cara a la mayor parte de la sociedad de la cual necesita su consentimiento para seguir existiendo. El poder utilizando sus principales órganos de expresión, medios de comunicación, instituciones educativas, políticas etc. trata de convencer al resto de la sociedad de que el sistema vigente (que lo sustenta como su gestor) es el único realmente válido, el resto de alternativas lanzadas son producto de grupos marginales cuyas propuestas son irreales por utópicas o caóticas.

El poder hace ver que si se elige uno contrario esto llevaría al desorden, a la desestabilización social y al fracaso. Se hace ver como algo necesario e incuestionable para que la vida pueda continuar. El sistema hace partícipe e involucra a la ciudadanía de diferentes maneras de tal forma que esta se siente directamente atacada cuando se está cuestionando al sistema.

En lo referente al movimiento alternativo y la okupación el Estado ha seguido una práctica de descontextualización y criminalización de estos grupos.

Un medio y un fin

En el capítulo dedicado a las okupaciones y centros sociales nos hemos centrado sobre todo en el aspecto más político de éstos, principalmente mediante el discurso del movimiento alternativo sobre su acción en cuanto que discurso institucional de dicho movimiento. Esto se debe sobre todo a dos motivos: por un lado la adopción de la posición émic por parte de los analistas y por otro la necesidad de mostrar un aspecto socialmente invisible de este fenómeno.

Ya hemos apuntado al fenómeno de la okupación como un analizador construido, al proponerse como tal, pero, como también hemos apuntado, las consecuencias de su acción no son siempre las pretendidas en el momento de la construcción. Habría que incidir también en que no en todas las autodenominadas okupaciones se siguen unos planteamientos acordes con el discurso alternativo, así algunas veces son un fin en sí mismas o un medio colectivo para fines individuales pero sin planteamiento alguno de transformación social.

Si bien podría negarse la importancia del aspecto político de este fenómeno en cuanto que, como socialmente invisible, no es analizador (aunque si un fuerte desviante ideológico). Toma importancia desde el punto de vista del análisis en cuanto que tal invisibilidad se convierte en ocultamiento. Ocultamiento que, como en otros movimientos sociales, ayuda a la descontestualización y criminalización de éstos. Descontextualización que se apoya sobre todo en la separación de la acción de los y las okupas de su discurso teórico. Esto produce que estos y estas así como la acción que los y las define no sean categorizadas como algo político.

Criminalizar la okupación: las tribus urbanas

La descontextualización, en el caso de las okupaciones, lleva asociada la criminalización, que se produce al vincularlas no a un discurso ideológico que analiza e intenta solucionar una serie de problemas, sino a una serie de categorías institucionalizadas que van desde el terrorismo a la delincuencia juvenil.

Todas las categorías o conceptos ya institucionalizados a los que son vinculadas las okupaciones conducen al ocultamiento del mensaje alternativo ante la sociedad, principalmente niegan la capacidad política de los y las jóvenes, aunque ciertas instituciones oficiales «se preocupen» por la escasa cultura política de la juventud. Podemos apreciar también que cada vez que se habla en los medios de comunicación oficiales sobre política en las okupaciones se hace siempre refiriéndose a la manipulación por parte de partidos políticos.

Tras descontextualizar las okupaciones, separando las acciones de los y las okupas de su discurso, o lo que es lo mismo, negando su carácter político; aparece la criminalización, asociando esas acciones y sus agentes a categorías delictivas.

Cada vez más se viene utilizando desde el poder y, gracias a los medios de comunicación de masas, por la población en general el concepto de Tribu Urbana para referirse a los y las okupas. Se habla de la tribu okupa o de las diferentes tribus que participan en las okupaciones. El concepto se refiere a movimientos juveniles definidos por su carácter estético y de identidad grupal, pero que en ningún momento llevan implícito un análisis político con una toma de postura frente a la realidad existente. Pero desde los medios de comunicación se emplea también para referirse a una acción política como es la okupación y criminalizarla ante los ojos de la sociedad, ya que en este concepto se buscan las bases de ciertas acciones agresivas como son las realizadas por grupos fascistas, ya que estos grupos también son calificados como tribu urbana al existir en ellos algún componente estético.

De este modo se crea una cadena de confusión/identificación en la que la tribu de los «cabezas rapadas» son criminales, pero ante todo tribu, y los okupas cuando no son una tribu son un grupo de tribus, y por tanto también unos criminales (el poder sabe jugar con los símbolos). Esto lleva a la no aceptación de estos grupos de jóvenes okupas en muchos vecindarios (hay bastantes excepciones), y lo que en otras circunstancias puede considerarse una pelea entre vecinos es reprimido como un acto de violencia juvenil brutal, por el hecho de que se ven implicadas personas de una tribu urbana.

El concepto y la institucionalización que implica ocultan ante la sociedad los objetivos políticos del movimiento alternativo, quedándose tan solo en los hechos (los que reflejan los medios de comunicación), en las acciones concretas, sin analizar los planteamientos teóricos a los que tales acciones están íntimamente ligados. Se muestra así solamente lo anecdótico de la acción y dentro de esto su carácter delictivo.

Asimismo tanto el concepto de Tribu Urbana y su aplicación indiscriminada como que se ofrezca una visión parcial de los movimientos juveniles, están justificando una represión, que se materializa en las acciones del Grupo 10 de la Brigada de Policía Judicial de Madrid, contra cualquier joven implicado o implicada en algún tipo de delito (delito puede ser protegerse de una agresión policial) que muestre una determinada imagen que pueda identificarlo o identificarla como perteneciente a alguna de las tribus urbanas clasificadas.

La okupación en los medios

En todo este juego hay que destacar el importante papel que ejercen los medios de comunicación como controladores del pensamiento de las masas. Como es sabido quien tiene el poder controla la información y por tanto la utiliza en su propio beneficio. En el Estado español la teoría es que existe libertad de expresión y de información aunque la práctica nos demuestre lo contrario. Exceptuando los medios de comunicación estatales, que se da por sobreentendido que utilizan la información en beneficio del poder ya que son sus órganos de expresión, el resto de medios pertenecen a sociedades privadas por lo cual se supone que tienen independencia y libertad a la hora de informar dependiendo de sus inclinaciones ideológicas y políticas.

Sin embargo no podemos olvidar que estos medios de comunicación forman parte del sistema político y económico vigente, por lo cual su independencia está acotada por una serie de intereses que les permiten continuar el negocio dentro de este sistema. Así podrán ser más o menos críticos pero nunca cuestionarán la función del sistema al que pertenecen y del que maman.

Las okupaciones han sido tratadas en los medios de comunicación desde diferentes posturas, pero en ninguna se ha dado una visión real de lo que representa este fenómeno como transformador de la realidad. La mayoría de los medios de comunicación ignoran totalmente la existencia de las okupaciones, a no ser en momentos puntuales como desalojos o enfrentamientos en los que las noticias son tratadas de una forma sensacionalista, esto supone que la información que se intenta mandar desde la okupación al exterior sea deformada y cortada.

Otros medios de comunicación toman una posición de rechazo, practican el confusionismo informativo mediante la manipulación del lenguaje, la deformación de los hechos y la parcialización de la información, intentando así poner en contra a la población que recibe esta información, este puede ser el caso de prensa conservadora como el diario ABC.

Otro sector de los medios de comunicación que intenta dar una imagen más liberal mediante el tratamiento de sus noticias dan una mayor cobertura informativa a los movimientos sociales, como puede ser el fenómeno de okupación, dando una visión más benévola aunque tampoco mucho más beneficiosa, ya que transmiten también información parcializada en la que se oculta el mensaje político y revolucionario de las okupaciones en un intento de vaciarlas de contenido, con lo cual la información enviada a la población desde estos medios no hace peligrar ni cuestiona el sistema instituido, sino que por el contrario le hace un bien, ya que se da la visión de que existe y se permite la libertad de elección y de pensamiento.

Posiblemente estos medios no pongan a sus receptores totalmente en contra de las okupaciones pero tampoco los pondrán a favor, simplemente harán que las toleren como un fenómeno inevitable en una sociedad «moderna y libre». Dentro de este sector de medios podría estar el diario EL MUNDO. Estos medios de comunicación de masas realizan una función institucionalizadora, en el sentido de que reflejan sólo la parte visible del movimiento, aquello que ya se presenta de una determinada manera, pero nunca yendo más allá en los motivos, causas y consecuencias de estos movimientos. Contribuyen a que estos movimientos dejen de serlo, aunque esto no ocurra en el caso de las okupaciones y el movimiento alternativo. Los medios hablan de la estética okupa, de la cultura okupa, de la tribu okupa… es decir, de aquello que llama la atención en un mundo donde lo exótico vende.

Represión justificada

Con toda esta labor de control de pensamiento el sistema consigue su primer paso, el de la estabilización de su figura y legitimación para actuar en función de ello. Esto dará lugar al segundo paso: represión legitimada, autorizada y demandada por la sociedad para acabar con aquello que la hace peligrar tal y como está instituida.

En muchos casos la represión misma sirve de criminalizador, ya que mediante los procesos educativos que hemos mencionado se legitiman instituciones como las policiales. Así basta con un gran despliegue policial durante un desalojo para que los y las okupas aparezcan como delincuentes ante los ojos de la sociedad.

De esta manera, en muchos casos la población ve en la okupación un enemigo en lugar de una solución política a los problemas que les afectan como ciudadanos y ciudadanas, y el analizador construido que pretende ser la okupación, como solución a problemas desvelando sus raíces o los intereses que los mantienen, no tiene efecto sino en los centros de poder que se preocupan de hacerlos y hacerlas parecer lo que no son.

Desde el punto de vista analista el movimiento alternativo como movimiento político sí supone un buen analizador desde el momento en que nos permite, si no descubrir cómo funciona la sociedad madrileña en su conjunto, sí preguntarnos por algunas realidades normalizadas que pueden obviarse por generalizadas y que sin embargo son fundamentales para entender las relaciones sociales en general y más específicamente la coyuntura social urbana madrileña en lo referente a los y las jóvenes. Por ejemplo, ¿tendrían sentido las instituciones oficiales que intentan gestionar el ocio, la vivienda y la participación política de la juventud si los y las jóvenes se autogestionasen? ¿De qué serviría un Ministerio de Cultura si se demuestra que puede funcionar la cultura popular, sin subvenciones ni apoyos institucionales?

Desde un punto de vista émic en el análisis estas preguntas tendrían ya su respuesta, ya que el discurso de la okupación, o del movimiento alternativo sobre la okupación, no es otra cosa que un análisis de la realidad que justifica su acción.

El discurso alternativo sobre la realidad social no es arbitrario, sino que, como ya hemos apuntado, se construye de forma colectiva desde la realidad cotidiana, por ello, aunque siga una línea básica de enfrentamiento y lucha, no es asimilable mientras esa cotidianidad siga cambiando en el juego de intercambio de mensajes entre los diferentes grupos sociales en el sistema. Por tanto la okupación y todo el movimiento alternativo, por su carácter político son analizadores de la realidad cotidiana en cuanto que generan unas respuestas que transforman esa realidad aunque sólo sea con un recrudecimiento de la represión: nuevas leyes, más acoso policial etc.; generan respuestas que son orientadas a ocultar el carácter político y a institucionalizarlo de forma descontextualizada, a reprimirlo y a justificar la represión.

Respuestas que no son las pretendidas por el movimiento alternativo, aunque sí las esperadas tras haberse sucedido durante los años que el movimiento lleva funcionando como tal en Madrid. En el caso de las okupaciones el Estado no ha hecho gran cosa a la hora de intentar buscar soluciones políticas y prácticas a los problemas y reivindicaciones que se demandan desde este sector de la sociedad. Por el contrario lo único que ha ejercido ha sido una represión brutal mediante la utilización del aparato judicial y las fuerzas policiales.

El Estado no ha dado vivienda a aquellas personas jóvenes que lo necesitan, no ha frenado los procesos de especulación, no ha concedido una participación mayor a la juventud en la elaboración de sus propias actividades artísticas y culturales, no ha mejorado la situación laboral, no ha dado solución a la marginalidad ni al problema de las drogas… Solo ha dado una respuesta de represión y violencia. Represión que últimamente va en aumento aunque quizás de una manera más encubierta bajo una máscara de justicia y libertad, pero que en realidad no esconde más que represión contra aquellos y aquellas que luchan por sus derechos y por un cambio en la sociedad.

Esta nueva represión viene de la mano del nuevo Código Penal que, como ya vimos, bajo un supuesto carácter de democracia intenta hacernos creer que ha sido creado para defender y dar solución a los problemas que tiene la sociedad en su globalidad, cuando en realidad lo que pretende es defender y afianzar unos intereses propios de las clases privilegiadas, aquellas que detentan y perpetuán el sistema y poder vigente.

Esta ley criminaliza todo intento de búsqueda de alternativas como puede ser el de la okupación para la que anteriormente no existía una ley o forma jurídica exacta que pudiera atacarla, también con esta ley se recrudecen las penas y en algunos de sus puntos supone un verdadero retroceso a los logros conseguidos por las clases menos favorecidas. Todas estas respuestas que desde el poder se generan nos muestran una realidad fundamental como es el carácter cerrado del sistema, donde el modelo de relaciones instituidas es mantenido desde un centro de poder que se sostiene gracias a ello, a costa de una serie de realidades invisibles que contribuyen a la percepción del sistema como algo que funciona.

Derecho a techo

Pero no hay que olvidar que el fenómeno de okupación sí tiene otros muchos aspectos visibles que, si bien algunas veces aparecen descontextualizados, como ya hemos apuntado anteriormente, con unas prácticas desligadas de una teoría, presentan un carácter político ante la sociedad por su confrontación con las instituciones públicas oficiales. Los y las okupas muestran su carácter político con la práctica, principalmente con su acción, con la okupación, con la reclamación de un derecho reconocido pero no concedido, el derecho a una vivienda digna, «el derecho a techo». Esto nos lleva a recordar que el discurso alternativo como discurso político es un discurso construido desde la realidad del día a día, desde los problemas que afectan directa-mente a los y las participantes que integran este movimiento de forma colectiva. Así la solución a problemas inmediatos como puede ser el de la vivienda es un aspecto principal del movimiento que aquí tratamos.

Quizá el mensaje de transformación social no llega directamente a la población en su conjunto pero sí a través de la okupación, más en concreto de la visibilización de una reclamación colectiva que se aprecia en las pancartas y pintadas que se sitúan en las fachadas de los edificios okupados. Es así como se demuestran las contradicciones del sistema, como se desvelan algunas cajas negras generalizadas. Por ejemplo, parece lógico que el precio de la vivienda sea elevado debido a las leyes del mercado, sobre todo por la gran demanda y poca oferta pero ¿qué pasa con todas las viviendas y edificios que permanecen cerrados durante años? Así surgen consignas como «Mientras vivir sea un lujo, okupar es un derecho» y la práctica de la okupación (junto a sus consignas) se convierten en un fuerte analizador que plantea el problema de la vivienda como problema político en cuanto que exige un derecho constitucional.

Es el hecho de okupar aquello que se percibe desde la población en general, lo visible: la okupación, desde el espacio físico delimitado que es el edificio hasta las relaciones que sus nuevos habitantes mantienen entre sí y con el resto del vecindario. Es allí en el barrio donde, pese a los intentos institucionales, se llega a hacer visible el carácter político de las prácticas cotidianas de los y las okupas pues el mismo hecho de okupar enfrenta directamente un problema considerado político, sobre todo en las zonas donde el movimiento vecinal enfrenta el mismo problema, la vivienda. Así, pese a que no se llegue a percibir el mensaje completo del movimiento alternativo, sí se perciben sus prácticas que están comunicando algo fundamental de los planteamientos alternativos, la solución a los problemas inmediatos de forma autónoma, sin depender de instituciones ajenas a las propias personas que sufren ese día a día, en cierta manera la gestión de sus propias vidas, la autogestión.

Esto se ha materializado en una serie de respuestas por parte de vecinos y vecinas donde se reconoce el sentido político del centro social. Se puede destacar sobre todo el acercamiento a estos espacios de otros grupos políticos o que mantienen una confrontación política en el sistema, o la coordinación en otras acciones.

Alumbrando las cajas negras

Por otro lado, la respuesta institucional represiva muestra también algunas contradicciones en el sistema en barrios donde se han okupado inmuebles que se conocían abandonados durante largo tiempo y donde la relación entre okupas y vecindario no ha sido tensa. Un buen ejemplo lo tenemos en el apoyo vecinal al Centro Social Minuesa durante el desalojo sufrido en 1994.

Esta visibilidad de la práctica es lo que frena el proceso de descontextualización dirigido desde el poder, de hecho nos hace plantearnos si la criminalización de la acción de ocupar como tal llevada a cabo con el nuevo Código Penal es el único mecanismo que puede utilizar el Estado para afrontar la desviación generalizada.

La acción de okupar así como el tipo de edificios que se okupan y las zonas donde estos se ubican plantean en el barrio una serie de respuestas a problemas. Respuestas que, lejos de ser ya adaptaciones cotidianas, plantean una solución política en cuanto que son participativas y colectivas, pero sobre todo porque son públicas y visibles, son analizadores. No se piden soluciones, se crean. Se juega con la categoría de lo posible.

Podríamos, a rasgos generales, categorizar dos tipos de respuesta al mensaje enviado con la okupación: la positiva y la negativa, la de aceptación o la de rechazo a los y las nuevas vecinas. Independientemente de los motivos que generan las respuestas -identificación, necesidades personales… en el caso de las positivas o los valores implícitos reforzados, el ocultamiento, la institucionalización… en las negativas-, ambas desvelan unas situaciones normalizadas que por generalizadas se podrían obviar o pasar por alto, pero que por el hecho de darse son parte de la coyuntura social que también hay que entender desde estas realidades cotidianas.

Por ejemplo, suele aceptarse o se suele comprender que una familia sin recursos ocupe una vivienda, porque se conoce su elevado coste, pero, en respuestas negativas a la okupación, se suele hablar sobre el hecho de que, por ser jóvenes, los y las okupas podrían vivir con sus padres. Pero no se trata del hecho de que los y las jóvenes puedan vivir con sus padres sino de que estos y estas quieran, y la práctica de la okupación por un sector mayoritariamente joven demuestra que algunos y algunas no quieren; es decir, que si bien es generalizado que los y las jóvenes vivan en los domicilios de sus familiares hasta edades avanzadas habría que tener en cuenta que esto no es más que una adaptación a una situación socioeconómica dada, adaptación que no contribuye al cambio de dicha situación. El poder y sus instituciones por otro lado ayudan a generalizar esta adaptación mediante leyes como la que alarga el período de escolarización.

Podríamos considerar otra situación generalizada que los ayuntamientos lleven a cabo reordenaciones y transformaciones urbanísticas, y así lo hacen, pero eso lleva asociado de un modo generalmente invisible unos fuertes procesos especulativos con el espacio que llegan a salir a la luz con acciones que los atacan directamente como es la okupación. También se invisibilizan en estas transformaciones las voluntades de vecinos y vecinas de las zonas afectadas así como su opinión sobre la realización de tales planes urbanísticos, de ahí el apoyo de un sector de la población de los barrios afectados a las okupaciones en este sentido.

Esta denuncia y desvelamiento de ciertas cajas negras en los planes de ordenación urbanística han llevado ya no sólo a la movilización de vecinos y vecinas de forma colectiva frente a un problema o situación que se vivía de forma individual sino también al estudio y análisis de tales planes, como ha sucedido en el barrio de Arganzuela donde la sociedad cooperativa Arganzuela Joven, de la que ya hemos hablado, pide que se la tenga en cuenta en el proyecto al conocer la implicación de instituciones públicas en él, o el estudio realizado por economistas, urbanistas y arquitectos de la zona en el que se reflejan los altos beneficios que el Ayuntamiento de Madrid obtiene en el proceso de transformación de la zona, Habiéndose unido a los procesos especulativos, que, por otro lado, fomenta al ser la entidad propulsora y gestora del plan.

Pelos de colores, el miedo a lo diferente

Pero también los y las okupas, pese a no ser un grupo uniformado estéticamente, llaman la atención por mostrar un imagen diferente, un imagen que no es la común entre las personas adultas ni entre la mayoría de la juventud. Y no son ni todos ni todas quienes llevan la ropa pintada o «los pelos de colores» pero hay quien sí, siendo éstos y éstas quienes llaman la atención, los y las que aparecen en la televisión y en las fotos de los periódicos.

Esta imagen diferente, extraña, y el carácter generalmente joven de los y las okupas muestran una serie de expectativas acerca de ellos y ellas, ya no por ser okupas, sino por ser jóvenes raros y raras.

Expectativas que están ligadas a la conceptualización que se haga de éstos y éstas. Así rara vez se identifican los planteamientos estéticos como parte del movimiento alternativo sino más bien con la delincuencia juvenil.

Rara vez los vecinos y las vecinas reconocen en las y los okupas otro delito que no sea la ocupación (que no es delito hasta la entrada en vigor del nuevo código penal), pero si se dice: «Todavía no han hecho nada…» mostrando una imagen preconcebida, esperando que hagan algo (malo, se entiende). Pero no es solamente lo que se espera que hagan lo que se verbaliza por parte de vecinos y vecinas sino conductas que por hablar de ellas no parecen ser las esperadas, como que «los chicos son muy educados, dan los buenos días…» o «… algún día me han ayudado a subir la compra». También es muy común en los establecimientos comerciales y en los bares resaltar el hecho de que nunca se hayan ido sin pagar o que no hayan tenido ningún problema con el resto de la clientela. Otra cuestión que también sorprende en cuanto que no se espera es el carácter universitario de muchos y muchas de las nuevas vecinas, lo que se valora muy positivamente en el discurso.

Pero estas ideas preconcebidas o expectativas que se crean acerca de estos y estas jóvenes también se han puesto de manifiesto en la prensa donde se refleja lo anecdótico o extraño como noticia. Así suelen aparecer titulares como «A escobazo limpio» con un artículo referido a las tareas de limpieza que se llevan a cabo en un okupación, y la gran cantidad de fotografías de chicos y chicas con peinados poco convencionales limpiando o trabajando de alguna manera en el acondicionamiento del local.

Podríamos hablar de estos prejuicios como un miedo a lo diferente, a lo extraño, que no es sorprendente por extraño pues lo extraño es peligroso y ante el peligro ya se sabe lo que hacer, lo peligroso tiene respuesta preparada. Lo que sorprende es que eso extraño no sea peligroso, que unos chicos y unas chicas que visten y se peinan de forma diferente son universitarios, ayudan a sus vecinas y vecinos, dan los buenos días…

Preconcepciones sobre lo diferente que pierden su sentido con la visibilidad, con los y las okupas hablando con sus vecinos y vecinas, comprando en las tiendas, tomando algo en un bar del barrio, pero que mientras permanecen invisibles tales acciones se están manteniendo instituciones como las que protegen a los ciudadanos y las ciudadanas «normales» de lo diferente/peligroso, o las que mediante políticas paternalistas intentan educar a la juventud para su integración en la vida adulta. Los y las jóvenes limpian sus casas, y los y las okupas lo demuestran, los y las que llevan el pelo pintado no son un peligro, y los y las okupas lo demuestran; entonces la policía no tiene por qué defender al resto de la población de este grupo, ni se necesitan planes de juventud que integren a estos y estas jóvenes en la vida adulta. Cabría resaltar aquí que entre okupas no se habla de integración, no hay por qué integrarse en un sistema que no responde a sus necesidades; se trata de una integración/transformación donde la adaptación de éstos y éstas nuevas vecinas en el barrio también incluye una transformación de éste. No hay que olvidar que se trata de un grupo sujeto, un grupo que para la transformación necesita del análisis y del propio cambio, son analizadores.

Dudas y recelos

Debido a la manipulación informativa y al desconocimiento real de lo que supone el fenómeno de okupación y cuál es su mensaje gran parte de la sociedad tiene una imagen deteriorada de este fenómeno, con ideas preconcebidas sobre sus integrantes, cerrando todo canal de información directo de lo que realmente representa la okupación. Aunque muchas de las dudas y recelos desaparecen al existir un contacto más estrecho (cuando se conoce a alguien relacionado con la okupación, o se vive en el mismo barrio o edificio de una kasa okupada). Pero por lo general el intercambio de información necesario para que tenga un sentido revolucionario y transformador la okupación no se suele llegar a producir plenamente, se suele tolerar la presencia de los okupas incluso justificar pero no se llega a formar parte de esta experiencia quedando cortado el canal de información de la sociedad hacia la okupación.

Este corte de información por parte de la sociedad hacia la okupación y la constante represión ejercida por parte del Estado, hace que muchas veces el movimiento alternativo y el fenómeno okupa se repliegue sobre sí mismo. Esto provoca que también se corte la emisión de información desde la okupación y con ello pierde gran parte del sentido de su existencia al ser incapaz de transmitir las ideas y experiencias alternativas realizadas desde las kasas okupadas.

Abandonando el análisis sobre la base de las reacciones del exterior de la okupación ante este fenómeno y fuertemente relacionado con el carácter de grupo sujeto del movimiento alternativo, podemos ver cómo en este movimiento surgen analiza-dores relacionados con la transversalidad (aquellos factores que atraviesan las okupaciones y que surgen en el exterior de éstas) que lo hacen redefinirse o, cuando menos, plantearse nuevas formas de organización que pueden ir desde cerrarse sobre sí mismo con peligro de convertirse en una banda (grupo que lucha contra el exterior y rechaza todo lo que pueda llegar de fuera del grupo) abandonando su condición de grupo sujeto, hasta una serie de adaptaciones internas que transforman cotidianamente los planteamientos alternativos, pasando por una serie de asimilaciones del exterior.

Relaciones sociales alternativas

Dentro de las okupaciones, como espacio físico, se proponen y se dan unas relaciones sociales alternativas como ya hemos explicado que se traducen en el asamblearismo, la horizontalidad, el respeto a lo diferente, el feminismo etc., pero no hay que olvidar que los y las okupas han sido educados y educadas en un sociedad donde las relaciones son verticales, machistas, patriarcales, basadas en el miedo y el rechazo a lo diferente… La autogestión, y de esto son conscientes muchos y muchas de los y las okupas, no se da así porque sí, sino que surge de un proceso de educación, o mejor dicho, de reeducación, en el que se va demostrando de forma individual que es posible. Esto quiere decir que una persona, por el hecho de okupar, no es autogestionaria y alternativa, por tanto los diferentes tipos de okupas, así como las personas que se acercan a los centros sociales o empiezan a vivir en okupaciones, muestran conductas que en algunos momentos chocan con los planteamientos que dentro de la okupación se tienen. Se generan conflictos que muestran también una serie de concepciones que se tienen sobre la okupación así como conductas habituales en el sistema que no se plantean hasta que no chocan con otras como pueden ser las realizadas por los grupos alternativos en las okupaciones.

Entre los y las okupas más jóvenes, y que se integran más recientemente a un movimiento que lleva ya varios años de práctica, no se pasan por alto ciertas conductas ya institucionalizadas que para ellos y ellas son algo nuevo. Esto se asume bien desde los sectores alternativos con más experiencia acumulada ya que supone un refresco del movimiento y ayuda a visibilizar una cotidianidad que permanece oculta en cuanto que normalizada. Pero estos y estas nuevas okupas también traen conductas que si bien se aceptan fuera de las okupaciones, en éstas resultan inaceptables como puede ser la conducta generalmente llamada de «escaqueo» que vendría a ser la evasión de las tareas cotidianas, tareas que en el caso de la okupación, si se propone autogestionaria, hay que hacerlas y nadie las va a hacer por nadie que no pueda realizarlas. La autogestión supone una serie de responsabilidades que comúnmente no existen en un sistema dominado por la verticalidad en las relaciones donde tales responsabilidades se delegan en función de los estatus asignados en ellas.

Otro tipo de conducta que roza con las «establecidas» en las okupaciones es el exceso de discurso con una acción escasa, son quienes saben lo que hay que hacer pero no lo hacen, conocen los planteamientos alternativos pero no los ponen en práctica dentro de las okupaciones. Se ve aquí la concepción de lo político como teoría. Es político quien habla, los militantes hacen y los afiliados votan, aspecto social también relacionado con la verticalidad y la delegación que se dan en el sistema.

Es también muy común que existan roces entre las concepciones de lo individual y lo colectivo, sobre todo en la utilización de espacios. Las cocinas y los servicios son lugares conflictivos en este sentido. No se acepta que, pudiendo hacer comida en común, se cocine individualmente para un consumo también individual, cuando hay quien no tiene capacidad económica para comprar comida de forma individual y cuando resulta más barato cocinar para mucha gente y tampoco se invierte en ello más tiempo. Otro problema se da en la utilización de los baños en cuanto que los chicos cuidan menos la limpieza del inodoro al orinar, pues no tienen que sentarse para hacerlo, algo que no se tiene en cuenta en lugares con los servicios separados en función del sexo a los que estamos acostumbrados y acostumbradas.

También en estos conflictos se reflejan las relaciones de género instituidas en nuestra sociedad, donde se valoran las conductas masculinas más que las femeninas. En muchas okupaciones se dan casos donde utilizan estrategias masculinas, identificadas como agresivas (robos de palabra, alzar la voz para hacerse escuchar…) que chocan con los planteamientos no sexistas que podemos calificar como alternativos.

Quizá sean estos ejemplos los más comunes aunque también se dan roces que tienen que ver más que con las conductas instituidas en el sistema, con la concepción que se tiene de las okupaciones. Se busca en la okupación el ambiente festivo, la diversión, un lugar en el que pasarlo bien, lo que no está reñido con los planteamientos alternativos – en algunos centros sociales se encuentran carteles o pintadas con el lema: «Si no se puede bailar, tu revolución no me interesa»- pero que puede provocar conflicto en cuanto que no se respeta al resto de las personas que allí conviven.

En estos casos, que no son todos, podemos ver cómo también dentro de las okupaciones se desvelan, en los conflictos que allí se producen, algunas conductas normalizadas e invisibles en las relaciones sociales instituidas en el sistema, pero que sólo se hacen visibles en ese espacio, en el espacio liberado.

Conclusiones

Podríamos terminar resumiendo que:

A lo largo de la corta historia de las okupaciones en la Comunidad de Madrid la única respuesta a las demandas de los y las jóvenes okupas ha sido la represión, sobre todo hacia los Centros Sociales Autogestionados.

Además las instituciones políticas no llevan su análisis de los problemas de la juventud al sistema económico y político que las sustenta. Así las soluciones a estos problemas son parciales y condicionadas por la propia dinámica sistémica. Es decir, al no cuestionar el sistema, las soluciones no van más allá de las posibles en dicho sistema.

La okupación es un práctica política peligrosa para el sistema, práctica visible que lleva a la sociedad a definirse acerca de ella. Diversos sectores sociales han elaborado un discurso sobre esta práctica, discurso condicionado por el tipo de conocimiento, sectorial e individual, que se tenga de ella. Pero también se han realizado una serie de acciones ligadas a algunos de estos discursos.

Discursos y acciones sólo se entienden como respuesta social a la okupación y por tanto muestran el carácter analizador de las prácticas llevadas a cabo por los y las okupas. De este modo, la definición por parte de individuos e instituciones desvelan situaciones y realidades cotidianas así como una serie de valores (ideología) que permanecían socialmente invisibilizados y por tanto incuestionables en el sistema. Situaciones que al cuestionarse pueden dejar de darse o bien no darse de forma individualizada, oculta y anónima.

El tipo de respuesta que genera la práctica de la okupación muestra además una serie de intereses ocultos por los diferentes sectores sociales que muchas veces entran en contradicción con los planteamientos teóricos mostrados por éstos y las instituciones de las que parten. La contradicción se da sobre todo al desvelarse y cuestionarse las prácticas cotidianas que permanecían ocultas, lo que muestra su importancia en el funcionamiento del sistema, más cuando se mantienen e intentan institucionalizar desde los centros de poder.

Pasando a un nivel más concreto, la okupación resulta un analizador de la coyuntura social urbana madrileña en cuanto que deja de ser oCupación para ser oKupación, en cuanto que se inscribe dentro de un movimiento político, en cuanto que es visible. Esto pone en cuestión el problema de la vivienda y su forma de solucionarlo así como las concepciones que sobre la juventud se tienen. Pero también cuestiona el sistema capitalista en su conjunto, analizando sus contradicciones desde la base, desde lo cotidiano.

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